Testorelli, una tradición joyera que continúa puliéndose

La prestigiosa joyería celebró el pasado lunes 27 de noviembre sus 130 años de vida con una fiesta imperdible para rendir homenaje a la historia y dar comienzo a una nueva etapa que inició con el rebranding de la compañía, inspirado en el art decó.

Las joyas son objetos tan preciados que, además de su valor sentimental, deslumbran en las galas más importantes del mundo y dan ese toque de elegancia que toda mujer quiere trasmitir. Por eso, fueron protagonistas en el escenario que en 1925 imaginó Francis Scott Fitzgerald para su novela más exitosa, The Great Gatsby y en el que recreó Testorelli 1887 para rendir homenaje a sus 130 años de historia y dar comienzo a una nueva etapa que invita a revivir el esplendor de los años locos y del estilo Art Decó con el diseño evocador del nuevo local situado en Alto Palermo.

En un romántico gesto de nostalgia y anhelo por esa época, la firma de lujo nos transportó al pasado gracias a la celebración que demostró una vez más la constante búsqueda de la excelencia de la casa fundada como una relojería en 1887 por Don José de Testorelli, de origen suizo. Allí, Miriam -la cuarta generación- explicó que el glamour que proporciona una joya solo es superado por el amor que esta representa cuando es obsequiada por una persona especial: “Uno compra joyas porque están ligadas a los lindos momentos de la vida. Cuando un abuelo quiere perdurar en la memoria de una nieta, le regala una joya para los 15 porque sabe que cuando él ya no esté, esa joya va a seguir acompañándola y es una forma de estar presente. Y así con todo, porque las joyas trascienden más allá de las personas mismas”.

El actor Luciano Castro, uno de los invitados y cliente fiel, coincidió con Miriam y contó: “Yo le regalé a Sabrina -su mujer- un anillo de oro blanco y diamantes para el Día de la Madre”. Por su parte, ella remarcó que “duran para toda la vida” y que cobran mucho más valor por ser recuerdos imperecederos que se heredan a los hijos.

130 TESTORELLI - Luciano Castro y Sabrina Rojas

Hablando de familia, le consultamos a Miriam cómo es trabajar con sus parientes: “Están mis cuatro hijos varones, que son la quinta generación, y ellos están tomando la posta”, dijo. Y agregó: “No hay límites. No es que tenés un horario, estás todo el tiempo trabajando. Estamos todo el tiempo conectados con el WhatsApp”. Prueba de que todos se complementan es que su hermano fue el responsable del giro de 180 grados del local del Alto Palermo: “Fabián siempre es el de las ideas innovadoras, y nosotros lo acompañamos”, comentó.

Por último, Miriam sostuvo que crecer entre piedras preciosas fue un plus: “Yo no tengo 130 años pero vengo mamándolo desde chica y el expertise que logramos y el gran compromiso que tenemos hacia nuestros clientes creo que hace la gran diferencia. Ninguno tiene la trayectoria que nosotros tenemos”.

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